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Todo empezó entre harina y amor

Todo empezó hace muchos años, entre harina y olor a horno, cuando una niña ayudaba a rallar mozzarella en la pizzería de su tia en Barcelona. Era una de las primeras pizzerías de la ciudad, con recetas diferentes, llenas de creatividad y sabor. Aquellos fines de semana en familia dejaron una huella que, con el tiempo, se convertiría en mucho más que un recuerdo.

En 1983, la tieta Elena abrió su pizzería en la calle Roger de Flor. Entre hornos encendidos, harina y mucho trabajo, comenzó una historia familiar que sigue viva hoy.

Fue allí donde nació el origen de nuestra masa. Paulino, un pizzero argentino, compartió con ella una receta que pasaría a formar parte de nuestra identidad. Aquellas pizzas rectangulares y gruesas dejaron una huella que ha llegado hasta nuestros días.

Con el paso de los años, esa receta ha mejorado, pero sigue siendo el punto de partida de todo lo que somos hoy.

La tieta Elena, cuidaba cada detalle con sus propias manos. Cosía los delantales, confeccionaba la tela de las lámparas y daba forma a un espacio acogedor con sencillez y cariño. De hecho, aquella tela de cuadros verdes que utilizaba entonces sigue acompañándonos hoy.

Era una persona humilde, trabajadora y generosa, de esas que dejan huella sin buscar protagonismo. Su pizzería era un rincón de barrio donde las personas se sentían bienvenidas y donde siempre había tiempo para una sonrisa o una conversación.

Otros miembros de la familia también abrieron pizzerías en Barcelona. No todas prosperaron, pero todas forman parte de nuestro camino.

Gràcies tieta, gràcies familia!

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